• Margarita G.

Resiliencia en pandemia


Ya terminan las clases y con ello mucho que aprendimos todos, en lo académico tengo mis dudas, pero de lo que estoy segura es que muchos aprendieron y otros volvimos a reconocer uno de los valores que creo debe estar en nuestra canasta básica de la vida: la resiliencia, la cual está definida como esa capacidad que tenemos todos los seres humanos para doblarnos y no rompernos, para confrontar o enfrentar problemas, sobreponernos a ellos con fuerza y energía, aprender de esas experiencias y transformarlas en algo positivo dándoles un nuevo sentido a eso que aparentemente nos ocasiona dolor.


La vida me puso nuevamente en circunstancias que no deseaba ni esperaba y con lo que había vivido durante mi infancia, cuando mis papás se divorciaron y posteriormente cuando tuve a mi primera hija con discapacidad pude en la medida que las condiciones lo han permitido, atravesar este ciclo escolar con todo lo que implica ser mamá de cuatro en tiempos de pandemia.


Me dio tiempo para organizarme y saber que debía antes que otra cosa atender mis necesidades. Volver atrás y recordar las palabras que una vez en mis momentos difíciles me decía esa persona significativa que me ayudó, en principio a reconocer lo querida y aceptada que era para mi entorno y también lo valiosa, capaz y fuerte que era a pesar de lo que estaba viviendo.

Muchas veces me repetía “Hija, independientemente de lo que pase en tu vida, tú tienes el poder de decisión y elegirás cómo llevarla””


También estoy convencida que una parte fundamental que me ha ayudado a desarrollar la resiliencia fue mi espiritualidad, misma que asumí desde niña a través de la fe y que de alguna forma he podido cultivar experimentando a ese Dios vivo que se relaciona conmigo de un modo personal y especial, reconociendo a la fe como ese deseo íntimo del amor de Dios encontrándolo en todas las cosas.


Es así que la resiliencia ha sido un ingrediente indispensable para trabajar y fluir con esas pequeñas o grandes pérdidas y frustraciones que he tenido a lo largo de mi vida.


Por lo anterior, considero que debemos ser conscientes que si queremos enseñar a nuestros hijos ese valor tan importante en estos tiempos y en los que vendrán, debemos ser ejemplo de ello, pues ésta se aprende de nuestros referentes, de personas significativas que alguna vez, frente a la adversidad nos hicieron sentir que podíamos, que no se terminaba ahí la vida, que es la esencia de cada uno de nosotros lo que vale y lo que nos hace fuertes, empáticos y solidarios frente a nuestro propio dolor y el de los demás..


Me da mucha tristeza ver todo el daño colateral y secuelas que hay en nuestros niños y adolescentes en el mundo derivado de esta pandemia. Ojalá en las casas frente a la ansiedad, hartazgo, soledad, tristeza e incertidumbre nos demos a la tarea de desarrollar en familia ese valor tan importante para que nuestros niños y adolescentes frente lo que les toque vivir, sean mensajeros de esperanza en un mundo que los necesita.

45 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo

No te pierdas ningún contenido