Mi hermano
- América V. RuÃz
- 5 mar 2017
- 2 Min. de lectura

Recuerdo muy bien el dÃa que llegó mi hermanito a mi vida, estaba en casa de mi abuela materna. Mis papás acababan de llegar del hospital y dejaron al bebé en la cama, se salieron del cuarto, cerraron la puerta y nos quedamos él y yo solos. En ese momento, lo miré a la cara, le acaricie la mejilla y creo que desde ahà empezó nuestro viaje; un viaje que conllevarÃa como todo en la vida: altas y bajas y que transcurrirÃa hasta la llegada de mi primera hija.
Cuando ella nació, nos dimos cuenta que presentaba rasgos similares a los de mi hermano, poco tiempo después, el diagnóstico nos lo confirmó: una afección genética hereditaria.
El diagnóstico y las propias caracterÃsticas de mi hermano y de mi hija también ayudaron a mis padres a comprender ciertas cuestiones que aún no entendÃan del todo.
Fui una hermana muy protectora: cuando Ãbamos a Mc Donald´s yo iba tras él como buena guardaespaldas, sentÃa que debÃa hacerlo pues no le era fácil el tema motriz y también sentÃa que podrÃan aprovecharse los demás, asà que debÃa defenderlo de los demás niños.
En la escuela salÃamos al mismo tiempo al recreo, generalmente me quedaba al lado de su sección vigilando que todo estuviera bien.
Creo que no debà haberme preocupado tanto por él, pues él ha hecho su vida como ha podido: con muchas experiencias aterradoras y si me preguntan a mÃ, cosas que él decide sin pensarlo ni profundizarlo tanto.
Recuerdo que mi padre alguna vez me dijo muy sorprendido que la ocasión en la que operaron a mi hermano para que le salvaran un oÃdo y que falló, mi hermano le dijo a mi papá que a él no le importaba pues tenÃa el otro oÃdo.
Sin duda en este camino mi hermano me ha enseñado mucho y lo seguirá haciendo, sobre todo me enseña en este momento de mi vida que debo de tomar las cosas asÃ…. sin profundizarlo tanto.



