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El cumpleaños de Diego: ¿Jugar a las escondidillas por Zoom?


En días pasados fue el cumpleaños 12 de Diego, no lo puedo creer, ha pasado el tiempo muy rápido y a la vez se me hace tan lejano el día en que nació.


Se acercaba el gran día y me estresé pensando cómo lo podríamos festejar durante la pandemia porque en los últimos años mostraba que ya entendía el significado de su cumpleaños y lo celebrábamos en grande. En su escuela organizábamos fiesta con piñata, pastel, regalos y juegos y por la tarde con sus primos, abuelas, tíos y en ocasiones amigos también festejaba.


Pues este año sólo le pedí a sus maestros que por favor hicieran un espacio en sus clases en línea para que sus amigos le pudieran cantar las mañanitas y lo felicitaran. Y así fue, durante la última media hora sus maestros y compañeros le cantaron, lo felicitaron y le preguntaron qué quería hacer. Ese día habían faltado algunos de sus amigos, por lo que entre él y sus compañeros eligieron hacerles una broma a los ausentes para el día siguiente y luego decidieron jugar a las escondidillas.


¿Las escondidillas por Zoom? parecía imposible y pues adaptamos este popular juego para poder hacerlo. El niño que tenía que esconderse apagaba la cámara de su computadora mientras su mamá lo llevaba a alguna parte de la casa para ocultarlo, mientras tanto, sus compañeros buscaban con sus comunicadores el lugar de la casa en el que creían que estaría escondido. Cabe mencionar que tanto Diego como sus compañeros son niños no verbales y utilizan métodos alternos al habla para poder comunicarse.


Una vez escondido, la mamá prendía la cámara de la computadora y la llevaba a cada uno de los lugares que cada niño dijo que creía que estaría escondido hasta que así lo encontraban. Yo escondí a Diego con todo y su silla de ruedas en la sala, pero le puse una cobija encima para que pareciera un sillón y al destaparlo se moría de risa.


Fue súper ingenioso, se divirtieron enormemente y al mismo tiempo fue terapéutico ya que los niños tenían que buscar con sus comunicadores el lugar donde creían que estaría escondido. Tanto Diego como sus amigos no dejaban de reír.


Por la tarde, no podía faltar el pastel con sus primos y abuelas y abrir sus regalos. Al platicarles el festejo que tuvo Diego en la escuela, él volvía a sonreír de la misma manera que lo hacía mientras jugaba, era como si lo reviviera y lo disfrutaba de la misma manera.


Y el día perfecto lo cerró escuchando todos los mensajes de voz que le mandaron para felicitarlo.

No cabe duda, Diego es un niño muy afortunado al tener a tanta gente que lo quiere.



*Por Gaby M.

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