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¡Si! Mi hijo tiene un problema y nadie me puede decir qué es.

9 Dec 2018

 

Es difícil recordar cómo empezó esta historia, y si, digo historia es porque tiene protagonistas, actores secundarios, victimas, villanos, superhéroes, y hasta artistas invitados, en fin, todos los personajes que una verdadera historia de aventuras, debe tener.

 

Mi nombre es Emely Iriarte y soy la mamá de tres hermosos varones, Diego de 12 años, Damian de 9 años y Dylan de 5 años. Recuerdo estar a punto de dar a luz a mi primer hijo y rogar para que naciera bien que  cuando nació supe que la perfección, si existe. No podía creer que algo tan hermoso, pudiera nacer de mí, pero por supuesto había que preguntar a los doctores si estaba bien, respondieron, que al bebé le había pasado un poco de mi anestesia que había que evaluarlo en las siguientes 24 horas y en especial que había que hacer que comiera y esto se convirtió en nuestra primera misión. Al pasar las horas, él bebé finalmente comió e hizo todo lo que un bebe recién nacido debería hacer. Así que me lleve a mi perfecto bebé a casa.

 

Diego (protagonista de la historia) siempre fue un niño encantador. Desde muy pequeño asombraba y divertía a todos con su forma de bailar.  Era asombrosa su capacidad de recordar pasos de baile e incluso coreografías.

 

Ya para cuando estaba en tercero de preescolar, me citaron en la escuela para solicitarme que lo llevara a una evaluación. Al tiempo,  pensé que era una evaluación de rutina y que se la hacían a todos los niños, pero no era así, esta era una evaluación “especial” ya que Diego no hacía las cosas esperadas para un niño de su edad. Esa fue la primera vez que llevé a mi hijo con un especialista y supe que algo no estaba bien.

 

Dijeron muchas cosas, pero lo que yo alcanzaba a entender, era que Diego no lograba entender y retener información, lo cual me preocupó, porque eso hacemos las mamás: preocuparnos por el futuro de los hijos, y sí no entendía ni retenía información, entonces me preguntaba ¿cuál sería su futuro?.  Poco tiempo después, lo llevamos a un psicólogo y posteriormente a un neurólogo, y luego a más especialistas. Lo cierto es, que nadie me podía decir qué tenía mi hijo. Así pasaron los años con burlas de sus compañeros, cambios de escuelas, maestras particulares, con especialistas en educación y nadie podía decirnos la razón y el por qué no retenía información.

 

Llegó un momento en que simplemente dejamos de buscar.  Ya no era importante saber, qué tenía, lo importante era que él supiera que era un niño amado y que entendiera que está bien ser diferente, y que todos somos diferentes.

 

Lo recuerdo llegar de la escuela diciendo, que los niños se burlaban de él por no saber leer, o por no poder hacer sus trabajos en clase, y yo le decía, a ver, ¿cuántos de los niños de tu salón bailan como tú? o ¿cuántos han cantado frente a 1,000 personas en vivo? Dime ¿cuántos pintan cuadros como tú? Y me respondió “ninguno” y le dije “exacto”, porque todos tenemos diferentes habilidades y eso está bien.

 

Todo eso nos llevó al año 2017 cuando Diego ya tenía 11 años a pensar en su futuro. Recuerdo que mi esposo y yo hacíamos cuentas para pagar su escuela, y le dije a mi esposo, “con este dinero podríamos pagar un departamento en el DF y llevarnos a Diego, para que tenga una educación que de verdad le sirva para su futuro”, y no tengo nada en contra de la educación, pero la educación de la escuela no era buena para él. Ya estábamos tan cansados, que mi esposo me dijo hagámoslo, ve con él al DF y yo me quedo aquí (los Cabos) con sus hermanos.

 

Y un 11 de mayo del 2017 llegamos los dos a esta imponente ciudad, solos, sin conocer a alguien realmente, sin tener dónde vivir, pero cargando los sueños y esperanzas de una toda la familia, sin perder la meta y la vida se encargó de ponernos gente maravillosa en nuestro camino, gente que nos ayudó y continúa ayudándonos, pero  sobre todo guiando a Diego a potencializar su talento.

 

La moraleja de esta historia es, que aunque el día de hoy, no sé, que tiene mi hijo, porque aún no tengo un diagnóstico, esa etiqueta dejó de ser una prioridad, y pasó a un segundo plano, porque al ver, todo lo que se ha desarrollado en un año, todo lo que ha logrado, entiendo que no necesité un diagnóstico para saber lo que mi hijo necesitaba y cómo podía ayudarlo.

 

Hoy sé que Diego tiene un futuro brillante y que así como es el protagonista de esta historia, también será el protagonista de su propio destino, porque tiene las herramientas necesarias para hacerlo y yo solo sueño con  estar en primera fila, en el papel estelar de su vida.

 

 

 

 

 

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