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21 Km con mi Campeón

22 Nov 2016

 

Esto empezó hace 6 años el día del padre de 2009, todavía estábamos en el hospital pues apenas 2 días antes había nacido mi Cristi, nuestra tercer hija, a pesar de ser prematura y muy petit en solo un par de días se recuperó y salió de la incubadora, así que mi mejor regalo del día del padre era poder salir del hospital con ella. Ese día alguien me envió el video de Rick & Dick Hoyt “The strongest dad in the world” por supuesto me conmovió muchísimo, lo vi una y otra vez y supe que algún día haría lo mismo con Luisito… a nuestra escala claro, porque estos héroes habían completado triatlones, maratones y ironmans, pero desde ya mi Campeón y yo teníamos una asignatura pendiente.
 

Nunca he sido de correr, ‪#‎PiesDePlomo Ríos podría ser un buen mote, pero siempre admiré a los corredores, entre mis amigos tengo un par de referencias que han corrido el maratón de NY y de Boston tantas veces como yo he visto el USOPEN y a los Patriotas en la tele. Me sorprende hasta dónde puede llegar el cuerpo humano y me inspira pensar que con el debido entrenamiento y la disciplina adecuada yo podría llegar a hacer lo mismo que Nicho, que Charly o que Dick Hoyt…Lo que más me inspiró a ponerme esta asignatura fue lo que le dijo Rick a su padre: “cuando corremos, siento como si no tuviera discapacidad” ¡qué maravilla! eso mismo quiero para Luisito que aunque sea solo por un momento tanto él como yo dejemos a un lado la discapacidad y disfrutemos como cualquier padre disfruta jugar fútbol con su hijo.
 

Y de entre todas que mejor carrera que la del día del padre, mis amigos que la habían corrido me decían que era la más emotiva, solo que a diferencia de otras esta solo es de 21 km (medio maratón) El p. Manuel me decía que si él la pudo acabar y todavía dar misa de 12:30 y tan fresco a lo mejor yo también tenía una oportunidad. Asi que el bosque de Tlalpan fue testigo de varios conatos de entrenamientos … y no me dejará mentir lo mío, lo mío no era correr…Pasaron varios meses, varias carreras del día del padre no corridas, varias operaciones a Luisito, la enfermedad de mi papá y la asignatura seguía pendiente. Pero hace un año empecé a hacer ejercicio en serio, empecé con una rutina que me encantó: RIP 60. La primer clase salí vomitándome pero de repente mi cuerpo empezó a ser flexible y en unos meses podía hacer los ejercicios que al principio ni soñando… bajé de peso y un anuncio de la carrera del día del padre 2015 me hizo creer que este año si podríamos correrla.
 

De incógnito y sin avisarle a nadie me inscribí, sabía que las apuestas estaban en mi contra, pero aún así era ahora o nunca: “aunque sea caminando pero la acabo”. Los 21 km los he caminado varias veces cuando iba con mis amigos de CREL SUR a la Villa y con rosario en mano, hace 15 años la primera vez justo el día que le pedí a Rosita ser mi novia. Así pues tenía un plan A para correr una hora y caminar dos; un plan B que era llegar a la glorieta de vaqueritos y caerle a mis cuñados a desayunar; un plan C que era llegar a Gran Sur y tomar un taxi y un plan D internarme en Médica Sur.
 

El viernes antes de la carrera fui a recoger mi kit de corredor y entonces si, contagiado por el entusiasmo de todos los corredores decidí, o como dicen ahora decreté que la íbamos a terminar, mi número el 3274, yo que soy mucho de numeralia nunca pude encontrarle un significado pero bueno…a partir de ahora lo tendrá. La fecha que si tenía un significado era la de la carrera: el 21 de junio, 21/6, no solo era el día del padre sino que era también el día de San Luis Gonzaga mi santo, el de Luisito, el de mi papá y el de mi abuelo, eran 21 kilómetros y se cumplían exactos 6 años de haber visto por primera vez a Dick cruzando la meta de un Ironman llevando a su hijo así que lo tomé como un buen presagio. Ya estábamos.
 

La noche anterior a la carrera todavía de iluso y sabiendo que a pesar del ejercicio de los últimos meses mi preparación para un medio maratón distaba mucho de la óptima, me puse a leer en la revista que nos dieron en el kit un articulo de los 12 errores mas comunes para correr un medio maratón… solo para darme cuenta que los había cometido todos .No se si por la emoción o por los tacos de cochinita y mole verde, receta de mi abuela Aurorita, que comí ese día pero esa noche no pude dormir. Apenas mi hermana Ena, que ella si es muy de correr y que desgraciadamente había estado lesionada de su tobillo por lo que en teoría no la podría correr, mi mamá, Rosita y las niñas sabían de mi intención de correr la carrera, eso significaba que si no me despertaba y dejaba que la prudencia hiciera su chamba a las únicas que defraudaría sería a las únicas a las que me importa no fallarles jamás. Ni modo Luis el reloj marcó 5:30 ¡¡vámonos!!
 

Rosita hizo lo mas cañón que le puedo pedir: se despertó un domingo a las 6 de la mañana y me dejó sacar al campeón sin desayunar. Nos llevó a Insurgentes y periférico, me bajé de la camioneta, subí a Luisito a su silla, me dio la bendición. Periférico e Insurgentes estaban llenos de corredores que se alistaban a hacer su propia carrera, vencerse a si mismos y al mismo tiempo participar de esta fiesta. Su fiesta. Este año, en su 35ª edición, los organizadores esperaban la participación de mas de 16,000 corredores, todo un récord para una de las carreras mas emblemáticas de la ciudad de México y el segundo medio maratón mas añejo del país. La orquesta de la Marina amenizaba el calentamiento con la marcha de Zacatecas y un locutor nos decía que estábamos a media hora del pitazo de salida. Luisito y yo nos contagiamos de ese espíritu y con el amanecer a nuestras espaldas caminamos hasta el hotel Royal pues nuestro corral de salida era el último. Saldríamos 7:30. La gente seguía llegando, los corredores calentaban, en eso me saluda un papá que venía con su carriola de correr, venía rapidísimo y su carriola parecía un F1, me di cuenta que nuestra silla de ruedas parecía carrito de súper en quincena: plátanos, miel, pañales, mi chamarra, el desayuno de Luisito, mis lentes, mi Ipod (con una súper lista de reproducción incluida), agua con clorofila... mal no la íbamos a pasar. 
 

7:00 en punto se oye el pitazo de la salida de los corredores elite..
 

Tomamos nuestro lugar, la banda toca el tema de Rocky, todos los corredores cercanos me felicitan y le dan cariño y porras al campeón, nos tomamos la foto del recuerdo, una última embarrada de pasta de lassar para las rozaduras, el locutor nos pide que nos unamos a su grito tres veces: ¡Gracias Papá! ¡¡Gracias Papá!! ¡¡¡GRACIAS PAPÁ!!! es oficial estoy conmovido hasta las lagrimas. El recuerdo de mi papá me invade, me llena, me da la certeza de que viene conmigo como conmigo ha estado toda mi vida. ¡¡¡GRACIAS PAPÁ!!! (lo escribo y vuelvo a llorar)
 

7:30 ¡¡¡En sus marcas listos fuera!!!
 

Me sentí como Forrest Gump, no pienses corre, corre y corre, esos 21 km tenían que ser nuestros. Sentí que los primeros 3 o 4 km Luisito y yo íbamos como bólidos, claro la bajada debió haber ayudado, aún así nos rebasaba todo el mundo jaja viejitos, gorditos y por supuesto otras carriolas aerodinámicas. Pero eso sí todos los que nos pasaban nos felicitaban por estar ahí, nos miraban con respeto. Y mi campeón lo sintió. Palmadas por aquí porras por allá, una barba conocida, el buen Come con su playera “Papito Loco” un abrazo, un “nos vemos en la meta” ¡Claro que si! Estábamos pasando por Médica Sur cuando vimos de regreso a los corredores elite, un mexicano venía peleando con los kenyanos el primer lugar, a la postre ganó, Saby Luna nuestro compatriota era el primero en hacerlo en mas de 10 años: una hora, 5 minutos y 48 segundos… ¡Felicidades!
 

Íbamos a llegar a los 7 km con buen paso, al menos de acuerdo a mis propias expectativas, pero con algo de cansancio. Me di cuenta que no había puesto mi ipod ni mi super lista de reproducción, pero la verdad ni falta me hizo, al contrario, pude saborear cada porra, cada ¡vamos papá! De repente oí un ¡Luiiiiiiiis! y un ¡Papaaaaaaá! Familiar. Y mi sorpresa fue que a lo lejos entre los espectadores estaba mi familia, mi porra: Rosita, Cristi, Maria, Ena y mi mamá. No me lo esperaba, las hacía dormidas y me echaban porras como si fuera el Chicharito metiéndole gol al Atlético, y entonces las veo a mi lado con playeras que Enita había mandado a hacer la noche anterior decididas a acompañarme en mi paso unos metros o kilómetros, Ena no se me despegó desde ese momento. Ese ha sido el boost de energía mas fuerte que podía recibir. La emoción se volvió a apoderar de nosotros, Luisito inmediatamente reconoció la voz de su hermana María. Y como si nada subimos por el puente del Tec de Monterrey y cruzamos la glorieta de vaqueritos, era oficial no pasaría por barbacoa con mis cuñados.
 

Llegamos a Cuemanco, los primeros 10k y el retorno con bastante pila y en medio de un pelotón de corredores, de acuerdo a mis cálculos ya habíamos superado las expectativas y podíamos retirarnos dignamente. Un platanito, agua para el campeón. Mi hermana, que traía buen paso me ayudó con la silla de ruedas de Luisito, mi cirinea como tantas veces.
En mis planes tocaba caminar un rato, pero la adrenalina, el buen paso y mi hermana al lado me motivaron a seguir un rato más, antes de llegar a la temida subida. Nos volvimos a encontrar con María, Rosita mi mamá y Cristi que no sé cómo consiguió le dieran el mega globo que marcaba el 6km y ella feliz lo portaba sabiendo que justo acababa de cumplir 6 años de haber llegado al mundo.
 

Vino el puente del Tec de Monterrey ahora en sentido contrario y ahora si que nos costó subirlo, Ena empujaba a Luisito y yo a Ena.En la bajada una familia nos recibía con dulces, que tomé con la alegría del primer whisky de la semana. Llegamos al 15 km, tuve que decirle a Ena que bajara un poco el ritmo, comenzaba a subir la temperatura, yo buscando la sombra del segundo piso del periférico Luisito en cambio seguía feliz y en mi cabeza pasaba la frase de Rick Hoyt: su discapacidad no le impidió disfrutarlo. Pasamos Gran Sur, el 18 km, estaba claro: la terminaríamos. Justo le decía a Ena lo contento que estaba de estar en forma cuando pasamos por una zona de abastecimiento de agua, un charcazo, sentí la humedad y … ¡Suelo! Mis dos piernas se acalambraron.
 

Me dolía hasta el alma, pero más me dolía no acabar…¡estábamos tan cerca! ¿Cómo es posible….?
 

Gracias a Dios un par de buenos corredores samaritanos se me acercaron y cada uno me ayudó a estirar una pierna… ¡que hermoso gesto de solidaridad entre corredores, entre paisanos, entre papás luchando por llegar a la meta! Gracias señores. Unos minutos después ya estábamos de pie, pero difícilmente aguantaría… entré a una ambulancia me dieron un suero de glucosa que casi vomito con todo y la cochinita… salí de la ambulancia Ena me miraba y lo sabía, el campeón me esperaba y lo sabía: Perisur estaba a la vista. Si, es cierto, soy #PiesDePlomo Rios pero también hubo una época en que me decían ‪#‎Estoico Rios… es solo una vuelta a Perisur un domingo en la mañana. Creo que para estas alturas atrás de nosotros solo venían los camiones de limpieza. Del otro lado de periférico ya se había abierto la circulación, los coches pasaban y nos tocaban el claxon animándonos.

 

Llegamos a Perisur ¡el último Km! Las medallas en los cuellos de los competidores que habían terminado me daban envidia y el último jalón para continuar. Estábamos en Zacatépetl la meta a la vista. Sonó mi celular, mi ahijado preguntándome si la había acabado, ¡estoy a punto Davidcito! La Iglesia de la Esperanza me decía ¡si se puede! La gente en la tribuna me dio la mayor ovación que he recibido en mi vida. ¡¡Vamos papá, vamos campeón, ya lo hiciste!!
 

Y lo hicimos.

 

Cruzamos la meta. 
 

El cronómetro marcaba 3:47:28 (Tiempo chip 3:11:46…digo salimos 35 min tarde jaja)
 

Dos horas 42 minutos mas que Saby Luna, pero creo que estaba más feliz que él. Otra vez los calambres, otro platanito y camínale al bosque de Tlalpan, me tengo que poner esa medalla y él tiene que ser testigo. Es tuya Campeón, es tuya papá.
 

Mi porra me espera, todavía tengo otras asignaturas pendientes….
 

¡Feliz día del Padre!

 

 

 

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