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Ser mamá de Rodrigo

 

 

Rodrigo nació el 3 de enero de 2006, fue un bebé muy esperado y muy amado  por sus papás y su hermana Sofía  desde que nos enteramos que venía en camino. A pesar de que tuve una pequeña amenaza de aborto en las primeras semanas de embarazo, el resto de éste fue perfectamente normal y a las 36 semanas nació un hermoso y sano bebé, que como tal llegó a su casa al salir del hospital 2 días después de nacer.

 

Rodrigo era un bebé normal, un poco más chico y bajo de peso pero nada que nos preocupara. A los 10 días de nacido lo llevamos al doctor, toda la familia junta, la primera visita del bebé al doctor. Y fue ahí cuando el pediatra solamente de verlo me dijo “hay algo que no me gusta, este niño trae algo genético”, al día siguiente nos confirmaron clínicamente que Rodrigo tiene Síndrome de Down, solo había que hacerle unas pruebas de sangre y un cariotipo para confirmar qué tipo de Trisomía 21 era.

 

El primer sentimiento es de mucho miedo, en realidad nadie te prepara para recibir esa noticia además del desconocimiento de qué es el Síndrome de Down. Me pasaron muchas preguntas por la cabeza: qué es eso? Cómo voy a sacarlo adelante? Qué se tiene que hacer? Qué le va a pasar a mi bebé? Qué voy a hacer si tengo otra bebita de solo 1 año y pocos meses? Voy a poder? Pero el sentimiento más importante que yo tenía era lo enamorada que estaba yo de mi Rodrigo, el profundo e incondicional amor que siento por él desde el primer instante en que lo vi sin saber su condición, y es eso lo que me ha impulsado todos los días hasta hoy.

 

En ese momento empezó mí recorrido por doctores y terapeutas;  empecé a leer y a informarme todo lo posible sobre el tema;  empecé a tomar las decisiones que consideré mejores para él y su rehabilitación. Al mismo tiempo comprendí que mi objetivo más importante con Rodrigo, igual que con Sofía o cualquier otro niño, es hacer todo lo que esté en mis manos para hacerlo un niño feliz. El camino no ha sido fácil, ha estado lleno de momentos de desesperación y de frustración. He aprendido a reconocer todas las bendiciones que nos rodean, por más pequeñas que parezcan.  Rodrigo es el gran maestro de mi vida, me ha enseñado que  constancia y  paciencia son lo único que se necesita para lograr las metas que nos fijamos en la vida.

 

Ser la mamá de Rodrigo, me llena de un orgullo y una emoción indescriptibles,  cada vez que veo a Rodrigo veo la imagen de un triunfador de la vida. Antes que nada es un niño feliz, pero además es independiente, seguro, simpático y lleno de vitalidad. Es un ejemplo para mí, para su hermana Sofía y para todos los que lo rodeamos de cómo vivir la vida de manera simple, de cómo disfrutar los detalles más pequeños que nos rodean y de constancia y empeño.

 

Hoy Rodrigo entrena natación en un equipo de Olimpiadas Especiales. El deporte le ha hecho muchísimo bien a sus niveles de concentración y a su condición física; le da la oportunidad de sentir pertenencia a un equipo, que además tiene la virtud de ser de deporte unificado y en el que su hermana también entrena; y ha afianzado su autoestima.

 

Ser la mamá de Rodrigo es una experiencia de vida, de aprendizaje, de crecimiento personal y de amor que difícilmente se puede vivir de otro modo. Para mí, Rodrigo es un ejemplo de vida ya que no hay discapacidad que lo limite.

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