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Desde otras muchas miradas

4 Aug 2015

 

Cuando escribí “Desde otra mirada” (publicado en el blog de PHINE en julio de 2013) creo que fue un ejercicio para recordar, poner en palabras, lo que sentí, viví con el nacimiento de Jimena. Todavía recuerdo ese sentimiento de dolor, de tristeza, de pregunta, pero creo que ahora esos sentimientos, si no olvidados, sí han sido consolados por el avance de la vida.

 

Mi hermana y mi cuñado nos han enseñado que se puede ser feliz con un hijo con discapacidad, pues no sólo siguen juntos sino que han agrandado la familia y se divierten con sus chistes locales -francamente a veces no entiendo cómo, pues no son muy buenos- pero sí me llena de emoción verlos reír en pareja. Además de que ahora Jimena se ríe con ellos y el travieso Juan Fer es un actor principal en los buenos momentos.

 

¿Qué ha pasado en estos últimos dos años de Jimena? Un cambio muy significativo es que entró al kínder. ¿Qué kínder podría aceptar a Jimena? Casi ninguno. ¿Por qué? Principalmente por ignorancia y porque el Estado no provee las condiciones suficientes para integrar a personas con alguna discapacidad en sus escuelas. Mi hermana, con la ayuda de las maestras y terapeutas de Jimena, realizaron un video en el que explicaban las condiciones de Jimena incluyendo el hecho de que su medio para comunicarse son principalmente las miradas y sonrisas o muecas si es que algo no le gusta. En muchas escuelas vieron el video explicando quién era Jimena y comentaron que tal vez podrían hacer adaptaciones al programa, pero pues que no había rampas y sólo escaleras, otros decían que definitivamente sería muy difícil poder incluirla, otros dieron largas. El Instituto Patria no lo dudó ni un momento y admitió a Jimena.

 

En la cuestión sensorial, a la fecha, aunque Jimena ha mejorado mucho, le cuesta mucho llegar a lugares con ruido o con muchos niños y comienza a gritar y a llorar de una manera incontrolable. Mi hermana es muy fuerte y creo que yo estaba más nerviosa que ella cuando Jimena entró a la escuela. Al pasar de pocas semanas Jimena comenzó a gritar pero de emoción cada vez que reconocía el camino para llegar a su colegio. ¡Sí! De hecho, Sonia, quien es su acompañante -una mujer admirable cabe señalar- nos contó que un día las agarró la lluvia y tuvieron que quedarse en un salón con muchos niños y niñas de primaria y secundaria. Jimena más chiquita hubiera comenzado a llorar y a gritar, aquí los niños llegaron a chocar las manos con ella, a preguntarle cómo se llamaba, a darle besos y Jimena sólo sonreía. Esos fueron de los momentos en que comencé a sentir alegría por mi hermosa sobrina en la escuela. Una anécdota que me llena de alegría, satisfacción y orgullo es que una compañerita del salón de Jimena ¡la invitó a jugar a su casa! Al llegar Jimena lloró un poco porque le cuesta trabajo adaptarse a los lugares nuevos, pero después de un rato las tres niñas jugaron. A ellas no les importa qué tiene Jimena, saben que a veces llora, pero ahora sí que cada quien. Ese día fue un gran día para mí, ojalá también para Jime.

 

Algunos de mis amigos todavía me preguntan qué tiene Jimena y me gusta que me compartan sus dudas abiertamente, también les da alegría los avances que ha tenido y la feliz integración que ha experimentado, no siempre es fácil que el concepto de “inclusión” sea aceptado, pues no pensamos que sea relevante en la vida de nuestros hijos hasta que tenemos una situación en nuestro núcleo. Sin embargo, sí espero que poco a poco cuando mis amigos y amigas busquen las escuelas para sus hijos vean si hay rampas, si en los salones hay niños con discapacidad, si las actividades son incluyentes, pues al final no es sólo un bien para los niños con necesidades especiales, sino también para sus hijos para que vivan en un mundo más real. Porque si en la escuela de tu hij@, luchan tanto por un sólo alumno, como lo han hecho por Jimena, puedes tener la seguridad que así lo hacen por cada uno de sus estudiantes.

 

Así que dos años atrás no hubiera pensado que los días pudieran pasar sin preocupación por Jimena. Claro, nadie puede darme la certeza de que siempre estará bien; como dice un amigo de PHINE, tampoco podemos tener esa certidumbre con los hijos regulares, con los sobrinos regulares, existe la posibilidad de la discapacidad también en sus vidas, en las nuestras. De cierto no hay nada, pero por los días que van pasando sí hay mayor emoción en mí. Ahora cuando cargo a mi hija para que salude a su prima, Jimena sonríe, y también se impacienta si le tapa la tele, y pueden estar jugando en el mismo cuarto, las dos contentas, entonces tengo mucha emoción por vivir el futuro y ver cómo ellas dos y los demás primos y hermanos jueguen a las escondidillas, vean películas juntos, se vayan de viaje, nos hagan enloquecer, como cualquier familia “regular”. Sí, no hay nada de cierto, pero sí hay un amor interminable por Jimena y doy gracias por sus nuevos amiguitos, a sus papás y a los maestros que le han dado la bienvenida a Jimena a sus vidas. ¡Felices 5 años princesa hermosa! Que Dios siempre te tenga en mi vida.

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