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Carta de una querida amiga de Phine que envía a los papás y monitores de los compañeros de su hijo, para explicar a sus hijos la discapacidad

Con motivo del Día Mundial del Síndrome de Down el sábado pasado, les compartimos la carta de Katia D Artigues, querida amiga de PHINE, que envía a los papás y monitores de los compañeros de Alan su hijo en el football, para que tengan herramientas y puedan explicar a sus hijos la discapacidad de Alan.

 

 

 

Queridos Papás y Monitores de Liebres:

 

Quizá pronto sus hijos comiencen a preguntar cosas como:

–¿Qué le pasa a Alan?

–¿Por qué no habla?

–¿Está enfermo?

 

Son preguntas normales que los niños se hacen y que hay que contestarles con claridad. Les copio a continuación algunas ideas y sugerencias de cómo responder a estas preguntas.

 

Los especialistas explican que no se debe actuar con misterio, “cuando tu hijo y tú se crucen con alguien que tiene una discapacidad, no hace falta que le digas `no mires´ o `sigue caminando´”. Con esta actitud se siembra en los niños la semilla de la indiferencia y el rechazo. 

 

Cómo hablar con los niños de discapacidad

A partir de los cuatro años, los niños comienzan a notar las diferencias físicas y cognoscitivas entre las personas. Cuando los pequeños ven a alguien con alguna discapacidad, les causa curiosidad.

 

En ese momento es conveniente que los padres aprovechen la ocasión para hablar del tema; deben dar una respuesta sencilla y oportuna a los hijos, partiendo del respeto y resaltando los valores que tiene todo ser humano por encima de cualquier condición.

 

Algunas ideas::

Hablar sobre las diferencias. En una primera conversación se puede explicar a los más pequeños que todos somos diferentes. Se puede ejemplificar a través de las diferencias de los rasgos físicos que varían de cultura a cultura, el color de piel o de pelo.

 

Todas las personas somos distintas pero tenemos muchas más cosas en común: sentimientos, ilusiones, metas, ganas de jugar futbol (en este caso). Las diferencias no son malas: nos enriquecen y complementan.

 

Que a algunos niños les cueste más aprender o tengan dificultades para moverse, relacionarse, ver, oír, etc. no significa que no disfruten con las mismas cosas que los demás como jugar, tener amigos o sentirse queridos.

 

Claro y sencillo. En las primeras edades se deben emitir conceptos claros para su nivel de comprensión. A medida que ellos indaguen más, se les podrá ampliar la información. Por ejemplo algunos niños piensan que la discapacidad les puede pasar a ellos o se les puede pegar. En este caso se les deberá explicar que la mayoría de las personas con discapacidad nacen así, y que no es contagioso.

 

La discapacidad no es una enfermedad, es una condición de vida. Alan NO está enfermo aunque a veces se enferma, como todos los niños. Una discapacidad no es tener una enfermedad; sino sólo ser diferente: moverse diferente, comunicarse de otra manera, etc.

 

No incitarles a sentir lástima. Hay que evitar transmitirles a los hijos “lástima” o “pesar”. La discapacidad no tiene por qué generar este tipo de sentimientos. Evita frases como “sufre una discapacidad” o “pobrecito niño que anda en una silla de ruedas/ no ve/ no escucha/ le cuesta más trabajo entender que a los demás”. Mejor, hay que enseñarles a ser solidarios, respetuosos y amables.

 

Puede ser que a los niños con discapacidad les cueste más trabajo algo, pero también los padres pueden destacar no sólo los logros de las personas, sino el esfuerzo por conseguir las cosas y el valor que esto representa. Eso también les ayudará cuando les cueste trabajo algo a ellos.

 

Rechazar las burlas y el menosprecio. Los papás deben enfatizar el trato respetuoso que sus hijos deben ofrecer a quienes tienen alguna discapacidad. En caso de demostrar una actitud negativa, corregir de inmediato. No sobra decir que el ejemplo es determinante.

 

Usar los términos correctos. No hay que tenerle miedo a las palabras, pero sí resaltar, por ejemplo que Alan es un niño antes que tener síndrome de Down: Alan es un niño con síndrome de Down y no un “niño Down”.

Por ejemplo: Juan es un niño que tiene autismo y no “un niño autista”. Ana es una niña que usa silla de ruedas.

 

También procura evitar referirte a los niños que no tienen discapacidades como “niños normales” porque eso implica que los otros son anormales. Y no, todos somos diferentes.

 

También los niños con discapacidades son diferentes entre sí. No hay niño igual a otro. Conocer a una persona con síndrome de Down no implica conocerlos a todos.

 

En el caso particular de Alan, él tiene una discapacidad intelectual. Esto quiere decir que le costará más tiempo aprender cosas, pero las aprenderá. Futbol incluido. Su proceso es sólo más largo.

 

Que sus compañeros y monitores lo acepten y lo reten es lo mejor que le puede pasar: en la medida en que los niños, sus monitores y el resto de la comunidad Pumita CREAN en él, se desarrollará mejor.

 

Alan no habla mucho aún, pero trabajamos en eso todos los días y ENTIENDE todo. A veces si parece que no hace caso, es útil buscarle la mirada y cerciorarse de que lo vea a uno antes de hablarle; luego darle un tiempo (unos segundos) mirándolo para que responda. Así él sabe que se espera una respuesta de él.

 

¡Gracias por su atención! No duden en preguntarme cualquier cosa del tema con toda confianza y sin pena alguna.

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